La perfecta combinación
de rostro, piel y cabello.
Dios mío!! Qué cuerpo tan bello
el que has puesto en creación!
Parece una revelación
de lo que ha de ser divino.
Así como de un ser marino
le brilla su piel hermosa.
Y su cintura preciosa
es de un encanto genuino.
miércoles, 25 de julio de 2012
viernes, 20 de julio de 2012
Tu cara (sin el adjetivo)
Redonda como
la luna
o una gota
de rocío.
Es así que
el mirar mío
no confunde
la figura....
Tu rostro,
su estructura..
no te ha de
parecer grueso!!
Discúlpame
si te estreso,
pero digo en
tu defensa,
que mientras
más sea extensa,
aún más le
caben besos.
El alma es
suave, no es dura,
pero el
cuerpo es apariencia.
No es la
forma, es la esencia,
lo que en el tiempo perdura.Roberto Sarmiento Pérez
miércoles, 18 de julio de 2012
Del sueño al hecho
Yo ya no
quiero palabras,
dice ella
con despecho.
Dice que
prefiere el hecho
antes que un
"abra kadabra".
No quiere
que la puerta abra
en un dulce
y rico sueño.
Ella
prefiere el empeño
para obtener
realidades.
Agradables
cualidades
nacen de un
ser tan risueño.
¿A dónde fue tu mirada?
He seguido tu mirada
Y LA VI PERDERSE LEJOS…
como si buscara espejos
para verse reflejada.
Te sentías desolada,
como en medio del desierto.
Y con tus ojos abiertos,
y pesadillas rondando,
te estarías preguntando:
“¡Por Dios! ¿Cuándo me despierto?”
Algo robó tu sonrisa
y al silencio te entregó.
Tu alma, del cuerpo despegó,
cual tormenta que no avisa.
Se ha marchado muy de prisa;
se ha marchado apurada;
Se ha marchado tu mirada
Y LA VI PERDERSE LEJOS…
como siguiendo conejos
que se pierden en la nada.
He buscado tu mirada
y la encontré en desconsuelo...
Tal vez mordiste el anzuelo
escondido en la carnada…
Que cuando estabas confiada
te dejaron sin aliento.
¿Quién dejó sin cimientos
tus noches, días y sueños?
¿Quién intentó ser tu dueño
sin cuidar tus sentimientos?
Si te pregunto: ¿Qué te pasa?
Tu respuesta me recorre:
“Nada que el tiempo no borre”
y eso el alma me traspasa.
Pues conozco bien la casa
donde viven los despechos.
Los corazones deshechos,
de lágrimas están cubiertos,
pero si se dejan abiertos
de amor sanarán sus pechos.
Y LA VI PERDERSE LEJOS…
como si buscara espejos
para verse reflejada.
Te sentías desolada,
como en medio del desierto.
Y con tus ojos abiertos,
y pesadillas rondando,
te estarías preguntando:
“¡Por Dios! ¿Cuándo me despierto?”
Algo robó tu sonrisa
y al silencio te entregó.
Tu alma, del cuerpo despegó,
cual tormenta que no avisa.
Se ha marchado muy de prisa;
se ha marchado apurada;
Se ha marchado tu mirada
Y LA VI PERDERSE LEJOS…
como siguiendo conejos
que se pierden en la nada.
He buscado tu mirada
y la encontré en desconsuelo...
Tal vez mordiste el anzuelo
escondido en la carnada…
Que cuando estabas confiada
te dejaron sin aliento.
¿Quién dejó sin cimientos
tus noches, días y sueños?
¿Quién intentó ser tu dueño
sin cuidar tus sentimientos?
Si te pregunto: ¿Qué te pasa?
Tu respuesta me recorre:
“Nada que el tiempo no borre”
y eso el alma me traspasa.
Pues conozco bien la casa
donde viven los despechos.
Los corazones deshechos,
de lágrimas están cubiertos,
pero si se dejan abiertos
de amor sanarán sus pechos.
Roberto Sarmiento Pérez
Buenos días
Buenos días
¿Sin sonreír
todavía?
Espérate un
momentico...
Que tengas
un día rico
y muy lleno
de alegría.
Que mi linda
Li se ría
en plenísima
abundancia.
Y que no
exista distancia
entre su
boca y su oreja.
Que parezca
una coneja
saltando de
ricurancia.
Aquella tarde
Gotas de
lluvia y la tarde,
creo que se
han puesto de acuerdo,
probando a
ver si es que muerdo
su anzuelo
como un cobarde.
Sin
intención de un alarde,
entre las
dos no pudieron.
A pesar de
que insistieron,
en evitar la
alegría,
otros dos,
el mismo día,
con
barquilla resistieron.
El clima y
sus inclemencias
nos
cambiaron de destino.
Pues a mitad
de camino
la lluvia
hizo presencia.
Recordamos
sugerencia
del restaurante
Arturo.
Entramos con
el apuro
de quien no
quiere mojarse.
Café no pudo
tomarse;
Allí jamás
voy, lo juro.
Eso no es
tan importante,
acordamos
mejor lugar.
De ahí nos
vamos a mudar
a algún
espacio elegante.
Iremos al
restaurante
donde
bailamos casino.
Ella habló
de su camino.
Me habló de
sus decisiones.
Yo le enseñé
las versiones
que hay para
azar un cochino.
Iniciativa
agradable
cuando me
llevó a la iglesia.
Juro que
aunque tenga amnesia,
no olvidaré
el gesto amable.
Ella hizo
inolvidable
aquella
tarde lluviosa.
Y la
convirtió en hermosa
tan solo con
su sonrisa.
Aunque no
asistí a la misa
sentí el
olor de la rosa.
Ni el arco-iris
siquiera,
quiso
mostrar sus colores;
y ni el café
sus sabores,
aunque
Shirley lo pidiera.
Ella logró
que me riera
en tan
aburridos momentos.
Le doy mi
agradecimiento
por darme su
compañía,
por tener la
osadía
de dedicarme
su tiempo.
Roberto Sarmiento Pérez
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