miércoles, 18 de julio de 2012

Aquella tarde

Gotas de lluvia y la tarde,
creo que se han puesto de acuerdo,
probando a ver si es que muerdo
su anzuelo como un cobarde.
Sin intención de un alarde,
entre las dos no pudieron.
A pesar de que insistieron,
en evitar la alegría,
otros dos, el mismo día,
con barquilla resistieron.

El clima y sus inclemencias
nos cambiaron de destino.
Pues a mitad de camino
la lluvia hizo presencia.
Recordamos sugerencia
del restaurante Arturo.
Entramos con el apuro
de quien no quiere mojarse.
Café no pudo tomarse;
Allí jamás voy, lo juro.

Eso no es tan importante,
acordamos mejor lugar.
De ahí nos vamos a mudar
a algún espacio elegante.
Iremos al restaurante
donde bailamos casino.
Ella habló de su camino.
Me habló de sus decisiones.
Yo le enseñé las versiones
que hay para azar un cochino.

Iniciativa agradable
cuando me llevó a la iglesia.
Juro que aunque tenga amnesia,
no olvidaré el gesto amable.
Ella hizo inolvidable
aquella tarde lluviosa.
Y la convirtió en hermosa
tan solo con su sonrisa.
Aunque no asistí a la misa
sentí el olor de la rosa.

Ni el arco-iris siquiera,
quiso mostrar sus colores;
y ni el café sus sabores,
aunque Shirley lo pidiera.
Ella logró que me riera
en tan aburridos momentos.
Le doy mi agradecimiento
por darme su compañía,
por tener la osadía
de dedicarme su tiempo.

Roberto Sarmiento Pérez

1 comentario:

  1. Que lindas palabras...
    que corazón tan sensible
    y que bondad en tu alma
    Querido Roberto, eres demasiado bueno
    Tu amigo José Luis Vives

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