Gotas de
lluvia y la tarde,
creo que se
han puesto de acuerdo,
probando a
ver si es que muerdo
su anzuelo
como un cobarde.
Sin
intención de un alarde,
entre las
dos no pudieron.
A pesar de
que insistieron,
en evitar la
alegría,
otros dos,
el mismo día,
con
barquilla resistieron.
El clima y
sus inclemencias
nos
cambiaron de destino.
Pues a mitad
de camino
la lluvia
hizo presencia.
Recordamos
sugerencia
del restaurante
Arturo.
Entramos con
el apuro
de quien no
quiere mojarse.
Café no pudo
tomarse;
Allí jamás
voy, lo juro.
Eso no es
tan importante,
acordamos
mejor lugar.
De ahí nos
vamos a mudar
a algún
espacio elegante.
Iremos al
restaurante
donde
bailamos casino.
Ella habló
de su camino.
Me habló de
sus decisiones.
Yo le enseñé
las versiones
que hay para
azar un cochino.
Iniciativa
agradable
cuando me
llevó a la iglesia.
Juro que
aunque tenga amnesia,
no olvidaré
el gesto amable.
Ella hizo
inolvidable
aquella
tarde lluviosa.
Y la
convirtió en hermosa
tan solo con
su sonrisa.
Aunque no
asistí a la misa
sentí el
olor de la rosa.
Ni el arco-iris
siquiera,
quiso
mostrar sus colores;
y ni el café
sus sabores,
aunque
Shirley lo pidiera.
Ella logró
que me riera
en tan
aburridos momentos.
Le doy mi
agradecimiento
por darme su
compañía,
por tener la
osadía
de dedicarme
su tiempo.
Roberto Sarmiento Pérez
Que lindas palabras...
ResponderEliminarque corazón tan sensible
y que bondad en tu alma
Querido Roberto, eres demasiado bueno
Tu amigo José Luis Vives