miércoles, 29 de agosto de 2012

Sin luz

"Te odio" por un "te quiero",
así me saludas mi Li,
pero mientras salga de ti,
lo segundo es lo primero.
Tu palabra es un lucero,
pero tus ojos son soles
y los míos girasoles,
que recibiendo tus rayos,
van inclinando sus tallos
hasta que la luz desaparece...
Cuando de nuevo amanece
vuelve a ser otra vez mayo.

Cuando tus soles ya no estén,
cuando ya no vea el lucero,
conoceré el desespero
y en la oscuridad el desdén.
Sentiré que se me fue el tren
después de correr con tesón...
el único de la estación,
el que no quería perder.
Será aquel atardecer
que oscureció mi corazón.

jueves, 9 de agosto de 2012

A tus ojos

El silencio de tu boca
me hace buscar tu mirada,
que me corta como espada
que puede partir la roca.
Si las palabras son pocas,
cuando de tus labios nacen,
mucho mejor satisfacen
la espera de mis oídos,
dejando el cuerpo aturdido
si tus ojos me mirasen.

El café que hay en tus ojos
me lo bebería a miradas
hasta dejar saturadas
las fuentes de mis antojos.
Abrirías los cerrojos
de las puertas de mi pecho,
si me miraras derecho
mientras te quedas callada...
Mi alma quedaría extasiada
y mi placer satisfecho.

miércoles, 25 de julio de 2012

Foto de Li en la playa

La perfecta combinación
de rostro, piel y cabello.
Dios mío!! Qué cuerpo tan bello
el que has puesto en creación!
Parece una revelación
de lo que ha de ser divino.
Así como de un ser marino
le brilla su piel hermosa.
Y su cintura preciosa
es de un encanto genuino.

viernes, 20 de julio de 2012

Tu cara (sin el adjetivo)

Redonda como la luna
o una gota de rocío.
Es así que el mirar mío
no confunde la figura....
Tu rostro, su estructura..
no te ha de parecer grueso!!
Discúlpame si te estreso,
pero digo en tu defensa,
que mientras más sea extensa,
aún más le caben besos.

El alma es suave, no es dura,
pero el cuerpo es apariencia.
No es la forma, es la esencia,
lo que en el tiempo perdura.

Roberto Sarmiento Pérez

miércoles, 18 de julio de 2012

Del sueño al hecho

Yo ya no quiero palabras,
dice ella con despecho.
Dice que prefiere el hecho
antes que un "abra kadabra".
No quiere que la puerta abra
en un dulce y rico sueño.
Ella prefiere el empeño
para obtener realidades.
Agradables cualidades
nacen de un ser tan risueño.

¿A dónde fue tu mirada?

He seguido tu mirada
Y LA VI PERDERSE LEJOS…
como si buscara espejos
para verse reflejada.
Te sentías desolada,
como en medio del desierto.
Y con tus ojos abiertos,
y pesadillas rondando,
te estarías preguntando:
“¡Por Dios! ¿Cuándo me despierto?”

Algo robó tu sonrisa
y al silencio te entregó.
Tu alma, del cuerpo despegó,
cual tormenta que no avisa.
Se ha marchado muy de prisa;
se ha marchado apurada;
Se ha marchado tu mirada
Y LA VI PERDERSE LEJOS…
como siguiendo conejos
que se pierden en la nada.

He buscado tu mirada
y la encontré en desconsuelo...
Tal vez mordiste el anzuelo
escondido en la carnada…
Que cuando estabas confiada
te dejaron sin aliento.
¿Quién dejó sin cimientos
tus noches, días y sueños?
¿Quién intentó ser tu dueño
sin cuidar tus sentimientos?

Si te pregunto: ¿Qué te pasa?
Tu respuesta me recorre:
“Nada que el tiempo no borre”
y eso el alma me traspasa.
Pues conozco bien la casa
donde viven los despechos.
Los corazones deshechos,
de lágrimas están cubiertos,
pero si se dejan abiertos
de amor sanarán sus pechos.

Roberto Sarmiento Pérez

Buenos días

Buenos días
¿Sin sonreír todavía?
Espérate un momentico...
Que tengas un día rico
y muy lleno de alegría.
Que mi linda Li se ría
en plenísima abundancia.
Y que no exista distancia
entre su boca y su oreja.
Que parezca una coneja
saltando de ricurancia.

Aquella tarde

Gotas de lluvia y la tarde,
creo que se han puesto de acuerdo,
probando a ver si es que muerdo
su anzuelo como un cobarde.
Sin intención de un alarde,
entre las dos no pudieron.
A pesar de que insistieron,
en evitar la alegría,
otros dos, el mismo día,
con barquilla resistieron.

El clima y sus inclemencias
nos cambiaron de destino.
Pues a mitad de camino
la lluvia hizo presencia.
Recordamos sugerencia
del restaurante Arturo.
Entramos con el apuro
de quien no quiere mojarse.
Café no pudo tomarse;
Allí jamás voy, lo juro.

Eso no es tan importante,
acordamos mejor lugar.
De ahí nos vamos a mudar
a algún espacio elegante.
Iremos al restaurante
donde bailamos casino.
Ella habló de su camino.
Me habló de sus decisiones.
Yo le enseñé las versiones
que hay para azar un cochino.

Iniciativa agradable
cuando me llevó a la iglesia.
Juro que aunque tenga amnesia,
no olvidaré el gesto amable.
Ella hizo inolvidable
aquella tarde lluviosa.
Y la convirtió en hermosa
tan solo con su sonrisa.
Aunque no asistí a la misa
sentí el olor de la rosa.

Ni el arco-iris siquiera,
quiso mostrar sus colores;
y ni el café sus sabores,
aunque Shirley lo pidiera.
Ella logró que me riera
en tan aburridos momentos.
Le doy mi agradecimiento
por darme su compañía,
por tener la osadía
de dedicarme su tiempo.

Roberto Sarmiento Pérez